1 de noviembre de 2013

El Desafío de los 30 Días, Día 1: ¿Cómo comenzaste con los juegos de rol?

Cuando Kythklaith me pasó el enlace al post de Trasgotauro sobre el Desafío de los 30 Días lo primero que pensé fue "ni de coña". Ya se me hace algo cuesta arriba en ocasiones cumplir las dos entradas por mes mínimas que me propuse en un principio - calidad antes que cantidad - ¡como para escribir treinta!. Pero lo cierto es que estuve leyendo algunos blogs en inglés participantes en la 30 Day D&D Challenge, y la idea de Kano me acabó resultando atractiva. Creo que es asumible, y además, como utilizó la frase motivadora de mayor poder para un varón castellanoparlante de la especie humana, pues aquí estoy.

La mecánica es sencilla: durante el mes de Noviembre todos los blogs que participan en el desafío publicarán - o tratarán de hacerlo - una entrada diaria, cuyo tema irá definido por el día en cuestión, según el siguiente listado:


De modo que hoy, día 1 de Noviembre, comienza oficialmente el desafío. Veremos si lo conseguimos.

Día 1: ¿Cómo comenzaste con los juegos de rol?

Lo que me llevó a poner los pies en mi primera tienda friki fue Magic. Me he dado cuenta, de hecho, que puedo saber hasta la fecha aproximada, no muy lejos de abril de 1995, cuando se publicó la Cuarta Edición (revisada). Recuerdo perfectamente la tienda - un cuchitril oscuro lleno de chicos mayores que le dio bastante mal rollo a mi madre - e incluso al dependiente, al que por indicación del amigo que me había "contagiado" le pedí un mazo de 3ª edición. Me dijo que creía que no le quedaba ninguno en exposición, y que si no prefería uno de cuarta, que acababa de salir. Pero fiel a mis instrucciones, le pedí que buscara el de tercera, petición que respaldó mi madre con insistencia (amor de madre). Al cabo de unos minutos, el dependiente regresó con un mazo de tercera retractilado. "Te llevas el último", me confesó. Anda que no dio de si ése mazo...

Durante las semanas sucesivas, mis amigos y yo fuimos cotilleando más cosas aparte de Magic - quedaba cerca del cole y podíamos ir solos ya - en las estanterías, hasta que un día mi amigo Nacho nos invitó a su casa, dijo que había comprado un juego nuevo y apareció con el Señor de los Anillos de Joc bajo el brazo. Yo había devorado los libros de Tolkien algún tiempo atrás y aún me duraba el tremendo impacto que habían causado en mi, pero aquél 1995 no fue el mejor momento para iniciarse en el rol. Cumplía un año el infame y fatídicamente bautizado "Crimen del Rol", y en la prensa reaparecieron una vez más los artículos contra los juegos de rol, por culpa de las acciones de un pirado solitario. Y me dio mal rollo, la verdad. No llegué a terminar la primera sesión, que creo recordar consistía en que un  par de hobbits y un explorador elfo (origen primigenio de todas y cada una de sus posteriores reencarnaciones en ambientaciones fantástico-medievales hasta el día de hoy) llegaran en carromato a Bree para reunirse con alguien. Simplemente llegó un momento que no quise continuar y me marché. Pero a pesar de la mala prensa y de las preocupadas advertencias paternas, al cabo de una semana decidí dar una segunda oportunidad. Mis amigos habían seguido jugando aquella tarde que me marché, todo parecía haber ido bien, y se habían divertido, por lo que ¿qué de malo podría haber en ello?. Pedí a Nacho que me prestase de nuevo los dados (recuerdo sus colores y que acabó regalándomelos, pero no qué fue de ellos) y nos sentamos los tres en la alfombra de su cuarto.

... y hasta hoy :)

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