10 de noviembre de 2013

El Desafío de los 30 Días, Día 10: La historia que siempre recuerdas con tus amigos

Día 10: La historia que siempre recuerdas con tus amigos

La verdad es que es difícil elegir una entre tantas. Son más de diez años de rol con el mismo grupo, y eso da para muchas anécdotas.

Una que suele salir de vez en cuando es la historia de por qué no creo que vuelva a dirigir Rol Negro. Antes de nada me gustaría aclarar que no tengo nada en contra del juego, y que dicha conclusión fue resultado de cómo se desarrolló la primera y única sesión que he dirigido.

Llevaba bastante tiempo ojeando reviews e información acerca del juego, y finalmente me decidí a comprarlo. La lectura del libro básico fue rápida y me enganchó bastante, además de que el sistema Sombra me pareció bastante sencillo. Lo único que no me convenció mucho, a pesar de que en alguna ocasión, tímidamente, he tratado de hacerlo, es que estuviera ambientado en España. Conozco a mucha gente que le cuesta ambientar la mayoría de los juegos en tierra patria - con notables excepciones, como Aquelarre y el Capitán Alatriste, por razones obvias - pero en principio pensé que al ser una temática "negra" podría con más facilidad conseguir la atmósfera adecuada para que Cunia no tuviese nada que envidiar a Los Ángeles.

Reventar la atmósfera, Toma 2
Escribí una historia clásica de detectives: mujer en apuros, trapicheos de fondo, turbiedades y un final en claroscuro. El grupo, en un principio, prometía. Tres de ellos eran familia, relacionados con las fuerzas de la ley, tío y sobrino investigadores privados, y un hermano del primero policía. Los otros dos eran dos pandilleros, contactos del detective senior, que aportaban músculo. ¿No suena de todo mal, verdad?.

En realidad no debería quejarme, ya que los jugadores se lo pasaron teta y nos reímos mucho. Pero todo ello fue a costa de romper en pedacitos la atmósfera "negra" de la historia, que pasó de Sin City a Torrente en menos de cinco minutos. El detective senior trató de ligarse a la clienta con mucho desparpajo pero con poca delicadeza, su sobrino el novato acabó relegado al papel de secundario cómico, y Marco y "el Araña" hicieron de las suyas con saña, pero por otro lado con una magnífica interpretación como makokis de barrio xungo. Al cabo de un rato, dejé de tratar de reconstruir el ambiente, acepté lo inevitable y continuamos jugando hasta que acabó la partida. Insisto en que nos lo pasamos bien, pero cuando todo acabó, había perdido "la conexión" con el juego.

Y esa es la historia de por qué no volví a narrar Rol Negro.



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