24 de abril de 2018

Una reflexión suelta acerca de la lectura y de los libros

Hoy, que es cuando menos tiempo en toda mi vida puedo dedicar a la lectura, es cuando más me apetece leer. He pasado, vergüenza de mi, siete u ocho años durante los cuales la lectura pasó a abandonar el podio del ocio en favor de otras cosas, entre otras razones también porque donde yo leía con más asiduidad era durante los trayectos en transporte público, un medio de transporte que me he visto obligado a abandonar en favor del coche. Sobrevivió en mi el hábito lector, no obstante, de forma necesaria, pues los manuales de rol no se leen solos, y porque a fin de cuentas eso de leer es algo que llevo codificado de alguna forma en mi ADN, estoy seguro. No voy a copiaros aquí la lista de títulos que leí en esa época, eso si, porque no hay nada de lo que fardar: nada de Vargas Llosa o Ruiz Zafón, mucho de Dan Abnett y Aaron Demsky-Bowden. Casi todo.

Para compensar, ahora que las ganas han regresado con fuerza, muchos de esos clásicos de la literatura que tengo pendientes los vengo escuchando durante el último año en forma de audiolibros. He de ser sincero: escogí esos títulos para escucharlos porque no quería invertir en ellos el tiempo escaso reservado a leer de verdad. Y así he podido actualizar el currículo lector con cosas con algo más de enjundia. Por gusto, por curiosidad y, por qué no reconocerlo, por pundonor hacia mi mismo. Porque, a pesar de que siempre me he opuesto a esa visión clasista que mantienen ciertas personas de que "para escribir bien es imprescindible leer a los grandes", es ciertamente recomendable ponerle el tick a algunas obras.

Pero, caray, una cosa no quita la otra. Leer es leer, y creo que en primer lugar leemos para entretenernos, para evadirnos, para disfrutar. Todo lo que acompañe a eso es bienvenido - muy bienvenido - pero es accesorio de lo primero, y en algunos casos efecto secundario sin más. Yo no leo para ejercitar la imaginación; leo para entretenerme y, al hacerlo, ejercito mi imaginación. Y aprendo a escribir. Y me culturizo. Y etc...

Por eso, cuando la gente habla de leer "literatura de verdad", de "autores serios" y demás tonterías para disfrutar de verdad de la lectura, se me llevan los demonios. Que no, señores y señoras, que no hace falta leer autores serios para leer de verdad ni para disfrutar de la lectura. Que leer es leer, y lo primordial es hacerlo, y el autor o el género escogido es una elección personal. Puedo tener mis opiniones y gustos, que los tengo, pero si veo a alguien leyendo algo que yo no me molestaría ni en ojear el pensamiento es "por lo menos lee". Que ya es algo teniendo en cuenta que el 40% de los españoles dice no leer nunca o casi nunca.

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